sábado, 5 de marzo de 2016

¿WOLFRAMIO O TUNGSTENO?... MINERAL DE SANGRE

Según la IUPAC (International Union of Pure and Applied Chemistry) su nombre es Tungsteno y su símbolo químico es W. ¿Por qué, W?... ¿Por qué no, T o Tu?... W  hace referencia a Wolframio. La polémica está servida para este elemento con dos nombres...

A lo largo de estas líneas, siempre nos referiremos a este elemento como Tungsteno (como nos dice la IUPAC) pero dejando claro que nos gusta más el nombre de Wolframio por una simple cuestión sonora (nada de motivación patriotera, por favor...).

El jaleo con el nombre de este elemento se arrastra ya desde hace algunos siglos. En 1779, Peter Woulfe, en su estudio del mineral wolframita le llevó a predecir que este mineral debía de contener un nuevo elemento químico en su composición. En 1781, Carl Wilhelm Scheele y Torbern Bergman sugirieron la existencia de un nuevo elemento obtenido a partir del mineral scheelita. Hacia 1783,  dos investigadores españoles se embarcan en el duro trabajo de descubrir este nuevo elemento. Ese año, los hermanos Juan José Delhúyar y Fausto Delhúyar encontraron un ácido, a partir de la wolframita, idéntico al predicho por Scheele y Bergman (y que habían denominado ácido túngstico). Así los hermanos Delhúyar consiguieron aislar el nuevo elemento mediante una reducción con carbón vegetal, en el Real Seminario de Vergara donde tenía su laboratorio la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País. Más tarde, publicaron Análisis químico del wolfram y Examen de un nuevo metal, trabajos que realizan una descripción del nuevo elemento descubierto.

La IUPAC denomina a este elemento con el símbolo W y el nombre Tungsten desde 2005. El nombre alternativo Wolfram fue adoptado por la IUPAC en 1949 y suprimido en 2005. ¿Por qué este cambio?... Esa es la cuestión que no queda clara. Parece más un tema político que científico ya que siempre es el descubridor el que se encarga de asignar nombre al elemento descubierto.

El Tungsteno tiene un conjunto de características muy importantes desde el punto de vista industrial: su punto de fusión es el más elevado de todos los metales conocidos (3.400ºC), es el segundo material más duro presente en la naturaleza (después del diamante), posee una alta densidad, gran estabilidad térmica y química y es un excelente conductor. Todo ello ha hecho que sus aplicaciones sean muy amplias y de importancia estratégica. Por ejemplo, el alma de nuestros bolígrafos, esa bolita que gira y gira al escribir, está fabricada de tungsteno. Puede llegar a dar 2800 vueltas por minuto mientras escribimos, de ahí la necesidad de un material con las características del tungsteno.

Durante la Segunda Guerra Mundial, en España se libró una gran batalla económica, política y diplomática en torno al tungsteno. De un lado, la Alemania nazi trataba de asegurar el suministro de este material, con el que reforzaba sus proyectiles antitanque. De otro, los aliados intentaban impedirlo por todos los medios a su alcance. La fiebre del tungsteno pasó, pero una de aquellas explotaciones aguantó abierta hasta principios de los años ochenta. Esta historia que duró casi 80 años, ahora vuelve a empezar. El tungsteno vuelve a ser estratégico, al menos aquí en Europa. La Comisión Europea ha incluido este metal en el listado de materias primas críticas, es decir, aquellas con una alta importancia económica para la Unión Europea y, a la vez, alto riesgo de falta de suministro. El tungsteno se utiliza hoy en día en la construcción de teléfonos móviles, placas de circuitos, instrumental odontológico, fuentes de luz, maquinaria pesada, plantas de producción de energía, coches, aviones y trenes… de ahí la importancia en su suministro y reservas.

Pero no todo es tan bonito con el tungsteno. A mediados de 2015, el Parlamento Europeo suscribió un manifiesto para excluir los minerales procedentes de zonas de conflicto del mercado de la Unión Europea cuya procedencia y métodos de extracción no pudieran ser comprobadas. Gracias a esta iniciativa se garantizará en el futuro un sistema vinculante que garantice la trazabilidad del estaño, el tungsteno, el tantalio y el oro (los llamados minerales de sangre).Todo ello para garantizar que los productos que se comercialicen en la UE no terminen alimentando las violaciones de los derechos humanos en las zonas de conflicto como es el caso de la República Dominicana del Congo.

Información:
www.iupac.org
www.elmundo.es
www.el pais.com
www.cambio16.com
Imágenes:
www.afiecyl.es
www.fnmt.es


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